
Correderas, juntas y pozones del Paraná, el Uruguay y todo el Litoral.
La pesca en río es la esencia del Litoral y de la Patagonia de agua dulce. Cada río tiene su carácter: las grandes arterias del Paraná, Uruguay y Paraguay con sus correderas, juntas, pozones y barrancas, donde manda el dorado —el 'tigre del río'—, el surubí, la boga, el patí y la tararira; y los ríos patagónicos, de agua cristalina y correntosa, reino de las truchas y el salmón encerrado.
Es una pesca de leer la corriente: entender dónde afloja el agua, dónde hay un remanso detrás de una piedra, dónde cae una barranca a un pozón. Se puede pescar de costa, vadeando o desde embarcación, y va desde el spinning deportivo al fondo clásico con carnada. El río cambia con la altura del agua y la época, así que conocer el estado del cauce vale tanto como el equipo.
Todo depende del río y la especie, pero se distinguen dos mundos bien marcados:
El Paraná es el río más pescado de la Argentina: el Alto Paraná en Corrientes e Ituzaingó (dorado de gran porte), Goya y Esquina, el tramo entrerriano de La Paz, Paraná y Victoria, y las barrancas de Santa Fe y Rosario. El río Uruguay (Concordia, Federación, Salto Grande) y el bajo río Paraguay completan el mapa dorado del Litoral, con surubí, boga, patí y tararira en los afluentes y riachos.
En la Patagonia, los ríos de trucha son de fama mundial: el Limay y el Collón Curá (Neuquén), el Chimehuín y el Aluminé, el Río Grande de Tierra del Fuego (la meca de la trucha marrón sea-run) y los ríos de la zona de Esquel y Los Alerces (Chubut). Cada uno con su temporada habilitada y su reglamento, así que conviene sacar el permiso de pesca provincial y revisar las vedas antes de salir.
