
Desde la orilla: surfcasting, escolleras y muelles.
La pesca de costa es la más accesible de todas: se pesca con los pies en la arena o parado sobre una escollera, sin necesidad de embarcación. En la Argentina es sinónimo de surfcasting en las playas del Atlántico bonaerense y patagónico, donde se lanza lejos, más allá de la rompiente, para buscar la corvina, la pescadilla y, de noche, los tiburones costeros como el gatuzo o el bacota. También entran acá los muelles, las escolleras de piedra y las bocas de arroyo, que concentran comida y peces.
Es una modalidad de paciencia y de leer el agua: hay que saber dónde está el cajón (esa canaleta más honda cerca de la orilla), aprovechar las mareas y bancar el viento. No exige un gran presupuesto para empezar, pero premia al que conoce la playa y los horarios. La mejor pesca suele darse al amanecer, al atardecer y de noche, con marea creciente.
La técnica reina es el surfcasting: plomada de agarre (tipo garra, de 100 a 150 gramos según la corriente) para clavar la línea en el fondo y aguantar la ola.
El corazón del surfcasting argentino es la costa atlántica bonaerense: Mar del Plata (escolleras y playas del sur), Miramar, Necochea y Quequén, Claromecó, Reta y Marisol, y toda la zona de Monte Hermoso y Pehuen Co, famosas por la corvina rubia y negra. Más al oeste, la zona de Bahía Blanca y sus canales suma pejerrey de mar y variada. En primavera-verano se agregan los tiburones costeros que se buscan de noche con carnada grande.
Hacia el sur, la costa patagónica ofrece una pesca brava y menos concurrida: Las Grutas y el Golfo San Matías (Río Negro), Puerto Madryn y Península Valdés (Chubut), y las playas de Santa Cruz, con róbalo, pez palo, salmón de mar y buenos tiburones. En el Río de la Plata, las escolleras y muelles de la costa (San Clemente, Punta Rasa, Mar del Tuyú) dan corvina, pescadilla y burriqueta desde la orilla.
